jueves, 5 de abril de 2012

Nada que ver

Carlitos era un tipo que no tenía nada que esconder. 

Estaba casado, pero su esposa había sido su primera mujer, por lo que no ocultaba ex novias, amantes, parejas, aventuras. Mucho menos preferencias sexuales raras, ni siquiera de las llamadas desviadas o parafilias.

En el trabajo tampoco tenía nada que confesar: nunca cagó a un compañero, no se llevaba las lapiceras para la casa, ni siquiera imprimía documentos personales.

No pitaba a escondidas, no deseaba a la mujer del prójimo y de adolescente solo se pajeaba mientras la vieja estaba en su laburo. 

Un día descubrió que no todos eran como él. Que todo el mundo, en mayor o menor medida, tenía al menos algo que esconder. No le gustó, pero se la bancó. Y a todo el que pudo se lo dijo, porque él no se guardaba nada.


1 comentario:

  1. No se podía esperar otra cosa de alguien bautizado con ese nombre.

    ResponderEliminar

Pase doña, mire que no molesta.